

El regreso a los estudios despierta en chicos y adolescentes ilusión, temor o, a veces, indiferencia.
No hay nada tan positivo ante ese reencuentro con la escuela como el apoyo y la comprensión que podamos mostrar a los padres. Y, ante cualquier problema, no hay que vacilar en acudir a los distintos profesionales del centro educativo, o a las autoridades de la administración competente en cada materia, si esto fuese necesario.
Pero, además del natural interés por el desarrollo de nuestros hijos, la vuelta al colegio significa enfrentarse a unos gastos importantes. Entonces, se trata de tomar unas decisiones equilibradas y prudentes sobre diversos temas.
Los comercios, en función de su volumen de ventas, pueden variar el precio de los libros de texto. Vale la pena comprar distintos de venta porque encontrarse diferencias de hasta un 25%.
Siempre que la información se ajuste a los contenidos y programas oficiales, valoremos la posibilidad de utilizar libros de texto no necesariamente nuevos. Puede explicarse a los chicos y a los responsables de los centros que esto supone un ahorro tan útil para la familia como para el medio ambiente.
En cada compra de vuelta al cole podemos valorar qué grado contribuye el producto al consumo sostenible. Indaguemos en las etiquetas la forma en que el producto puede ser eliminado, reciclado o dónde se ha fabricado. Pensemos además si no tenemos alguna alternativa menos agresiva con el medio.
Lo importante, a la vez que elegimos los materiales que más les convienen, es transmitir ilusión a los chicos. La escuela tiene limitaciones, a ella suele irse por obligación, pero es un buen lugar para descubrir una parte del mundo. La otra les corresponde mostrársela a quienes están en su entorno.
La posibilidad de que el libro de texto se venda, obligatoriamente, junto con materiales como cuadernos o rotuladores, cuando no se justifique razonablemente, va en contra de la legislación de consumo por lo que no debe aceptarse. Llegado el caso tenemos la opción de reclamar ante la administración competente de consumo.
Es aceptable hacer concesiones al gusto de los chicos, siempre que sean sensatas y ajustadas a las necesidades. Pero mostrar el valor de utilizar antiguos cuadernos y otros materiales en buen estado tiene un valor educativo: realzar el valor de las cosas, reducir la producción de residuos y mostrar que podemos apreciar los objetos por encima de las modas.
El gasto en el uniforme escolar, cuando es obligatorio, se produce todos los cursos. Aunque para muchos no sea determinante, puede ser un elemento a tener en cuenta antes de decidir en que centro matriculamos a nuestros hijos.
La ropa y el calzado no son elementos directamente vinculados con el nuevo curso, pero son necesarios. La influencia de la publicidad y de los compañeros del grupo llevan a muchos adolescentes y preadolescentes a exigir marcas o calidades específicas. Aunque podamos afrontar el gasto extra, importa que seamos capaces de escucharles con comprensión como de razonar con ellos y, llegado el caso, tener la firmeza de ponerles límites.
Conviene analizar la calidad de la ropa y el calzado presentando especial atención a que se encuentren correctamente etiquetados.
Conviene conocer las condiciones del transporte que ofrece el centro y comprobar cualquier duda que pueda haber, especialmente en lo que se refiera a la seguridad del vehículo, de la ruta y que se realice por empresas debidamente autorizadas por la Consejería de Transporte e Infraestructuras.
Las asociaciones de madres y padres son la vía prevista para tratar los problemas que afectan a la comunidad educativa (alumnos, profesores, padres). Participar en ellas es una oportunidad para colaborar e influir en las decisiones del centro.
Ante de contratar este servicio, valoremos si el recorrido y la madurez de cada chico permiten que vaya al centro educativo por sí mismo, sea en transporte público o caminando, lo que contribuirá a su autonomía y responsabilidad.
El servicio de comedor escolar debe cumplir con los requisitos de control de calidad y sanitario de los alimentos. La manipulación y distribución debe realizarse de forma correcta. Estos procesos deben controlarse tanto por el centro educativo como por la Administración Sanitaria, lo que no excluye que nos interesemos por dichos aspectos.
La carga que llevan chicos y chicas a la escuela y lo que soporta su espalda no debería suponer más de un 10% de su propio peso.
Los materiales que se llevan a la escuela deben ser los precisos. Acostumbremos a los jóvenes estudiantes a preparar los materiales necesarios para el día siguiente, dejando en casa lo superfluo. El saber no guarda la menor relación con el peso.
Lo que pueden ser unas actividades que completan la formación, y a veces contribuyen al disfrute de los más jóvenes, pueden convertirse en una carga generadora de ansiedad. Es bueno considerar los motivos por los que les inscribimos en actividades tan diversas. Permitamos que tengan su tiempo libre.
Hablemos claramente con los chicos... y vigilemos su uso. Debemos advertirles del precio tan elevado de las llamadas con ciertos prefijos (803, 806, 807 y 907), además de la inconveniencia de sus contenidos. La autoridad, expresada con prudencia y diálogo, facilitara la tomo de decisiones equilibradas.
Servicios Municipales de Consumo de la Comunidad de Madrid (Teléfonos).
Asociaciones de Consumidores del Consejo de Consumo de la Comunidad de Madrid.
Teléfono del Consumidor de la Comunidad de Madrid - 900 77 57 57.
J. J. Glez. Gar. O.M.I.C. 2005